Hábitos

Cómo crear hábitos si no eres una persona disciplinada

Si has concluido que los hábitos no son para ti porque no eres una persona disciplinada, tienes razón a medias: el problema existe, pero no está en tu carácter. Está en cómo montaste el hábito.

Hay una idea que hace mucho daño: que los hábitos son para gente disciplinada, y que si tú no lo eres, tu problema es de carácter. Es una idea que se cae en cuanto miras los datos, y da igual cuántas veces hayas abandonado antes.

Esta guía no va de tener más fuerza de voluntad. Va de montar el hábito de forma que necesite la menor cantidad posible, porque esa cantidad es limitada y no depende de ti.

La gente disciplinada no resiste más: se expone menos

En 2015, Brian Galla y Angela Duckworth publicaron seis estudios con 2.274 participantes en el Journal of Personality and Social Psychology. La conclusión: quienes puntúan alto en autocontrol no son mejores aguantando la tentación. Se apoyan en hábitos que hacen que la tentación aparezca menos veces. No ganan la pelea; se la ahorran.

Tu problema no es que no aguantes. Es que has montado un hábito que te obliga a aguantar todos los días.

Eso convierte la constancia en algo que se diseña, no en algo que se es. Y a diferencia del carácter, un diseño se puede corregir esta misma tarde.

El método en cinco pasos

1. Hazlo tan pequeño que no haga falta decidir

Si el hábito requiere una decisión, algún día perderás esa decisión. La solución es bajarlo hasta un tamaño que no dé pereza discutir: dos minutos de lectura, una serie de ejercicio, una frase escrita. No es un truco de motivación: es que el objetivo de las primeras semanas no es progresar, es aparecer. El volumen llega después, y llega solo.

La prueba de que el tamaño es correcto: puedes hacerlo en tu peor día. Si tu peor día lo rompe, es demasiado grande, por muy razonable que parezca en el mejor.

2. Dile cuándo y dónde, no cuánto

«Voy a hacer más ejercicio» no se puede ejecutar. «Los martes y jueves, al salir de la oficina, en el gimnasio de la esquina» sí. En el estudio de Milne, Orbell y Sheeran sobre ejercicio, el grupo que solo recibió motivación subió sus intenciones sin cambiar su conducta; el que además concretó cuándo y dónde sí cambió lo que hacía. Escribe el hábito con esta plantilla:

La plantilla

Cuando [algo que ya ocurre todos los días], entonces [tu hábito de dos minutos], en [un lugar concreto].

3. Engánchalo a algo que ya haces

Ya tienes una decena de rutinas sólidas que no te cuestan nada: el café de la mañana, lavarte los dientes, cerrar el portátil, dejar a los niños. Son anclajes gratis: ya ocurren, ya están a la misma hora y ya no requieren memoria. Colgar el hábito nuevo justo detrás de uno de ellos es más eficaz que cualquier recordatorio, porque el aviso te lo da tu propio día en vez de una notificación que aprenderás a ignorar.

4. Que marcarlo cueste un toque

Necesitas ver que lo estás haciendo, porque al principio no hay resultados que mirar y la única recompensa disponible es la constancia misma. Pero el registro tiene que ser instantáneo. Si apuntar el hábito cuesta más que hacerlo, dejarás de apuntarlo primero y de hacerlo después. Un toque, una casilla, nada de rellenar formularios sobre tu propio día.

5. Ponle un testigo

Los cuatro pasos anteriores bajan el coste de hacerlo. Este sube el coste de no hacerlo, y es el único que no puedes montar tú solo. Un hábito privado se rompe gratis: eres juez y parte, y siempre encuentras una razón razonable. Cuando alguien sabe qué estabas intentando y ve si lo hiciste, aparece un coste social pequeño pero real, y es justo el empujón que falta los días flojos.

No tiene que ser todos los días

El calendario diario es una convención, no un requisito. Un hábito de tres días por semana también se automatiza, siempre que la regla sea explícita: no «tres veces por semana», que en la práctica significa «el domingo por la noche descubro que no fui ninguna», sino martes, jueves y sábado. Los días concretos son el hábito; la frecuencia suelta es una intención.

La ventaja de la frecuencia flexible es que sobrevive a la vida real. La desventaja es que se presta a negociar. Fijar los días elimina la negociación sin obligarte a un compromiso diario que quizá no puedas sostener.

Qué hacer el día que falles

Vas a fallar. Los datos de Phillippa Lally en el University College London indican que saltarse una oportunidad no tiene efecto apreciable sobre la formación del hábito: un día no rompe nada. Lo que rompe es la reacción al fallo, lo que Polivy y Herman llamaron el efecto «qué más da»: incumples una norma que tú mismo pusiste y en vez de retomarla, la abandonas entera.

La única regla que hay que recordar

No falles dos veces seguidas. Un día suelto es ruido estadístico. Dos días seguidos es el principio de otra cosa, y a partir del tercero ya no estás fallando: has dejado de tener el hábito.

Para los días imposibles, ten preparada de antemano la versión mínima: si el hábito es correr treinta minutos, la versión mínima es ponerte las zapatillas y salir a la calle cinco. No es autoengaño, es mantener la cadena viva un día más barato.

Cambia el entorno, no tu personalidad

La forma más rentable de necesitar menos disciplina es acortar la distancia entre tú y el hábito. Casi todas las excusas son, en realidad, fricción disfrazada:

Lo que te dicesLa fricción realQué cambiar
«Mañana leo»El libro está guardadoDéjalo sobre la almohada
«Me da pereza el gimnasio»Preparar la bolsaDéjala hecha en la puerta
«No tengo tiempo de cocinar»Decidir qué comerDeja la decisión tomada el domingo
«Me distrae el móvil»Está a un brazoCargarlo en otra habitación
«Se me pasa la hora»No hay anclajeEngánchalo a algo que ya ocurre

Ninguna de esas filas exige ser más disciplinado. Todas exigen mover un objeto de sitio una sola vez, y luego el objeto trabaja por ti todos los días.

Para eso hicimos sharedhabits

El quinto paso, sin depender de que alguien se acuerde

Compartes el hábito con una persona, cada uno lo marca de un toque y las dos rachas crecen a la vista. Cuando alguien nota que hoy no marcaste, la constancia deja de depender de tu fuerza de voluntad.

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Preguntas frecuentes

¿Se pueden crear hábitos sin disciplina?

Sí, y de hecho es como se crean. La investigación de Galla y Duckworth (2015) muestra que las personas con más autocontrol no resisten mejor la tentación, sino que se apoyan en hábitos y en entornos que reducen el número de veces que tienen que resistir. La disciplina es más la consecuencia de un buen sistema que su requisito.

¿Cuánto tiempo debo dedicarle al principio?

Dos minutos, o lo que puedas sostener en tu peor día de la semana. Durante las primeras semanas el objetivo no es progresar sino no romper la cadena, y un hábito grande rompe la cadena en cuanto tienes un día malo. Sube el volumen solo cuando marcarlo haya dejado de darte pereza.

¿Tiene que ser todos los días?

No. Un hábito de tres días por semana también se automatiza, pero los días tienen que estar fijados: martes, jueves y sábado, no «tres veces por semana». La frecuencia suelta se negocia y acaba en cero; los días concretos, no.

¿Y si fallo un día?

No pasa nada. Los datos de Lally indican que saltarse una oportunidad no afecta de forma apreciable a la formación del hábito. La regla práctica es no fallar dos veces seguidas: un día suelto es ruido, dos seguidos es el principio del abandono.

¿Sirven las apps de hábitos si no soy constante?

Sirven para lo que son: hacer que marcar cueste un toque y que veas la racha. No sirven para obligarte, porque una app en la que solo estás tú se abandona sin coste. La diferencia la marca que haya otra persona viendo el resultado.


Resumen honesto: no necesitas ser otra persona, necesitas un hábito más pequeño, con hora y lugar, colgado de algo que ya haces, que se marque de un toque y que alguien más esté viendo. Cinco cambios de diseño, ninguno de carácter.